jueves, 24 de septiembre de 2009

Himno de "Els Segadors"




Uno de los mitos del nacionalismo catalán es la canción popular catalana "Els Segadors", que fue declarada himno oficial de Cataluña por el parlamento el 17 de febrero de 1993.
Lo que los diputados, que votaron esta propuesta, le esconden a nuestro pueblo, es que la canción actual, lejos de estar "profundamente enraizada en nuestra historia", es una brutal falsificación hecha en el final del siglo XIX.


Esta canción no tiene nada que ver con la revuelta de 1640, que por otra parte, y aunque después seria manipulada, no se inició con ninguna motivación independentista, el levantamiento se produjo con los gritos de "Viva la fe de Cristo", "Viva el rey de España ,nuestro señor" y "Muera el mal gobierno".


La letra de la canción original, que manifestaba la religiosidad profunda del pueblo catalán, recogía dichas palabras como las siguientes:


".../cremen albes y casulles, los calzes y les patenes, /y el Santíssim Sagrament, alabat sía per sempre/.../On es vostre capitá? Quina es vostra Bandera? / Varen treure el bon Jesús, tot cobert amb un vel negre./ Aquí s nostre capità, aquesta es nostra Bandera /..."

En 1899, después de las modificaciones musicales hechas por el maestro Alió, "La Nació Catalana" convocó un concurso para premiar una letra que remplazara a la auténtica, a cuya modificación se opusieron en redondo nuestras personalidades más señaladas. Después de sostener, mayoritariamente, que otras canciones populares eran más adecuadas para ser adoptadas como himno, manifestaron que, en ningún caso, la letra original de "Els Segadors" tendría que substituirse.


Jacint Verdaguer:


"Supongo que se buscará una letra mejor...pues no creo que haya en Cataluña quien la pueda hacer de mérito igual ni de buen trozo. Y cuando ese poeta exista, y cuando saliese con una canción más bonita e inspirada ¿que catalán no la dejaría por la antigua? ¿Qué hijo cambiaria las joyas de su madre por otras, aunque fueran estas las mejores del mundo? La antigua verdadera canción de "Els Segadors" es, todo en una pieza, una página de nuestra historia,...una procesión de fe de nuestros abuelos...Quien les quiera quitar eso, que no diga que les quiere".


Josep Torras i Bages:


"...considero una especie de profanación poner la mano en los antiguos símbolos, en los cuales el misterio de la antigüedad aumenta el interés artístico...Quien haga la nueva letra no es fácil que sienta los golpes como aquel pueblo que poetizó el antiguo canto, y así la poesía no será sentida, sino sentimental".


Pese a estas y otras manifestaciones de peso, el falseamiento nacionalista continuó, cambiando nuestra canción popular tradicional de plano, en un himno de carácter separatista, llena de odio con el nuevo ("bon cop de falç", buen golpe de hoz) y falta de toda referencia religiosa. No estaba equivocado el padre Collell en sus apreciaciones:


"...y respecto a si conviene o no modificar la letra, solo diré, que si en la canción de "Els Segadors" no se sintiera tan vibrante nuestra religiosidad, y solo dominase un aullido imprecatorio: no hubieran pensado los de "La Nación catalana" en abrir un concurso para premiar una letra nueva que se puede asegurar de antemano que será letra muerta".

Valentí Almirall:

"Jamás hemos entonado ni entonaremos "Els Segadors", ni usaremos el insulto ni el despercio para los hijos de ninguna de las regiones de España". 


Letra Original en castellano:


¡Cataluña, condado grande,
quién te ha visto tan rica y llena!
Ahora el rey Nuestro Señor
declarada nos tiene la guerra.


¡Segad a ras!
Segad a ras,
que la paja va cara!
¡Segad a ras!


El gran conde de Olivares
siempre le susurra a la oreja:
-Ahora es hora, nuestro rey,
ahora es hora que hagamos guerra.-


Contra todos los catalanes,
ya veis cuál han hecho:
siguieron villas y lugares
hasta el lugar de Río de Arenas;


han quemado un sagrado lugar,
que Santa Paloma se llamaba;
queman albas y casullas,
y caporales y patenas,
y el Santísimo Sacramento,
alabado sea por siempre.


Mataron un sacerdote,
mientras la misa decía;
mataron un caballero,
en la puerta de la iglesia,
Don Luis de Furrià,
y los ángeles le hacen gran fiesta.


El pan que no era blanco
decían que era demasiado negro:
lo daban a los caballos
sólo por asolar la tierra.


Del vino que no era bueno,
abrían los grifos,
lo echaban por las calles
sólo para regar la tierra.


En presencia de sus padres
deshonraban las doncellas.
Dan parte al Virrey,
del mal que aquellos soldados hacían:
-Licencia les he dado yo,
mucha más se pueden tomar.-


Sintiendo respuesta parecida,
enarbolan la bandera;
en la plaza de San Jaime,
fueron las dependencias.


A vista de todo esto
es alborotada la tierra:
empiezan a quitar gente
y enarbolar las banderas.


Entraron en Barcelona
mil personas forasteras;
entran como segadores,
cómo éramos en tiempo de siega.


De tres guardias que hay,
ya han matado a la primera;
mataron al Virrey,
en el entrante de la galera;
mataron a los diputados
y los jueces de la Audiencia.


Estad alerta, catalanes;
catalanes, estad alerta:
mirad que así os lo harán,
cuando estén en vuestras tierras.


Fueron a la prisión:
dan libertad a los presos.
El obispo los bendijo
Con la mano derecha y la izquierda:
-¿Dónde está vuestro capitán?
¿Dónde está vuestra bandera?-


Sacaron al buen Jesús
del todo cubierto con un velo negro:
-Aquí está nuestro capitán,
esta es nuestra bandera.-
A las armas catalanes,
¡Que nos ha declarado la guerra!


¡Segad a ras!
Segad a ras,
¡Que la paja va cara!
¡Segad a ras!




Letra original en catalán:


Catalunya, comtat gran,
qui t'ha vist tan rica i plena!
Ara el rei Nostre Senyor
declarada ens te la guerra.


Segueu arran!
Segueu arran,
que la palla va cara!
Segueu arran!


Lo gran comte d'Olivars
sempre li burxa l'orella:
-Ara es hora, nostre rei,
ara es hora que fem guerra.-


Contra tots els catalans,
ja veieu quina n'han feta:
seguiren viles i llocs
fins al lloc de Riu d'Arenes;
n'han cremat un sagrat lloc,
que Santa Coloma es deia;
cremen albes i casulles,
i caporals i patenes,
i el Santíssim Sagrament,
alabat sia per sempre.


Mataren un sacerdot,
mentre que la missa deia;
mataren un cavaller,
a la porta de l'església,
en Lluís de Furrià,
i els àngels li fan gran festa.


Lo pa que no era blanc
deien que era massa negre:
el donaven als cavalls
sols per assolar la terra.


Del vi que no era bo,
n'engegaven les aixetes,
el tiraven pels carrers
sols per regar la terra.


A presencia dels parents
deshonraven les donzelles.
Ne donen part al Virrei,
del mal que aquells soldats feien:
-Llicència els he donat jo,
molta més se'n poden prendre.-


Sentint resposta semblant,
enarboren la bandera;
a la plaça de Sant Jaume,
n´hi foren les dependències.


A vista de tot això
s'és avalotat la terra:
comencen de llevar genti
enarborar les banderes.


Entraren a Barcelona
mil persones forasteres;
entren com a segadors,
com érem en temps de sega.


De tres guàrdies que n'hi ha,
ja n'han morta la primera;
ne mataren al Virrei,
a l'entrant de la galera;
mataren els diputats
i els jutges de l'Audiència.


Aneu alerta, catalans;
catalans, aneu alerta:
mireu que aixís ho faran,
quan seran en vostres terres.


Anaren a la presó:
donen llibertat als presos.
El bisbe els va beneir
Amb la ma dreta i l'esquerra:
-On es vostre capità?
On és vostre bandera?-


Varen treure el bon Jesús
Tot cobert amb un vel negre:
-Aquí és nostre capità,
aquesta es nostre bandera.-
A les armes catalans,
Que ens ha declarat la guerra!


Segueu arran!
Segueu arran,
que la palla va cara!
Segueu arran!

viernes, 11 de septiembre de 2009

Mossèn Jacint Verdaguer



Jacinto Verdaguer: poeta, figura capital de la “Renaixença” y principal recuperador de la lengua catalana como lengua literaria.

Nació en el pueblo barcelonés de Folgueroles el 17 de mayo de 1845 en el seno de una familia humilde de campesinos.

A los once años ingresó en el seminario de Vic, tras lo que se ordenaría sacerdote en 1870. Ejerció de capellán de la Compañía Transatlántica (1873-1875), propiedad del marqués de Comillas, de cuya familia fue posteriormente confesor y limosnero.
Comenzó a ser conocido a causa del premio recibido por varias de sus poesías en los Juegos Florales de 1865, lo que se repetiría en años posteriores causando sensación que el autor de tan notables obras fuese un joven campesino.

Recibiría el título de maestro en Gay Saber en 1880.
En esos años, inspirado por sus travesías oceánicas entre la península y Cuba, comenzó a esbozar un largo poema épico titulado “Espanya naixent” (España naciente), primera forma de lo que, tras una elaboración de varios años, acabaría siendo “La Atlántida”, monumental poema, premiado en los Juegos Florales de 1877, que le valdría el reconocimiento general tanto en España como en el resto de Europa.

Se trataba de una visión mitológica del hundimiento del Continente perdido y la futura misión americana de España y Colón. Éste, tras el relato de un anciano sobre el mítico Continente, ofrece a Génova, Venecia y Portugal tender un puente sobre el océano Atlántico hasta las tierras del otro lado del mundo, pero sólo encontrará comprensión y ayuda en Isabel la Católica, “la reina de les reines que hi ha hagut” (“la reina de las reinas que ha habido”).

“Vet aquí, Colom, mes joies;
compra, compra alades naus;
jo m´ornaré amb bonicoies
violetes y capblaus”.

(“Colón, mis joyas te doy
para que naves aprontes;
yo me adornaré desde hoy
con violetas de los montes”).

Y con estos versos finalizó la epopeya:

“Lo savi ancià, que des d´un cim l´obira,
sent estremir lo cor com un lira;
veu a l´Angel d´Espanya, hermós i bell,
que ahir amb ses ales d´or cobrí a Granada,
eixamplar-les avui com l´estelada
i fer-ne l´ampla terra son mantell.
Veu morgonar amb l´espanyol imperi
l´arbre sant de la Creu a altre hemisferi,
i el món a la seva ombra reflorir;
encarnar-s´hi del cel la saviesa;
i diu a qui s´enlaira sa escomesa:
-Vola, Colon…ara ja puc morir!”.

(“El sabio anciano, que le contempla desde una cima,
siente estremecer su corazón como un lira; ve el Ángel de España, hermoso y bello, que con sus alas de oro ayer cobijó a Granada, extenderlas hoy por el firmamento, y a la amplia tierra hacer de ellas su manto. Ve brotar, junto con el imperio español, el santo árbol de la Cruz en otro hemisferio, y el mundo florecer a su sombra; encarnarse en él la celeste sabiduría; y dice a quien se lanza a su encuentro: -¡Vuela, Colón…ahora ya puedo morir!”).


Sus versos religiosos (Idil.lis i cants mistics, Caritat, Sant Francesc, Flors del Calvari, Lo somni de Sant Joan, Jesús Infant, Al cel, Eucarístiques, etc.), alcanzaron cimas de misticismo que le convirtieron en el digno heredero de la gran poesía religiosa española de los siglos de oro.


La manipulación nacionalista.

Dedicó muchas de sus páginas a cantar con excelsa inspiración las costumbres, el paisaje, la historia y las leyendas de su tierra, lo que ha servido a los manipuladores de hoy para presentar a Verdaguer con ropajes nacionalistas que dejarían estupefacto al interesado si pudiese enterarse de la grosera falsificación que todo tipo de agitadores políticos perpetran diariamente con su persona y su obra, con los gobiernos de Jordi Pujol a la cabeza.

En el año 2002, centenario de su muerte, fue especialmente pródigo en manifestaciones tergiversadoras.

Joan Triadú, escritor y crítico literario, ha insinuado que la injusticia provocada por el predominio de una nación sobre otra fue el motivo que llevó a Verdaguer a “hacer patria” cantando a Cataluña en sus versos.

Victor Batallé, comisario del Año Verdaguer, apunta “razones secretas” –de carácter nacionalista, obviamente- en la obra del poeta, que hoy debe ser recordado “para mantener todo lo que nos hace diferentes”.

El propio Jordi Pujol ha afirmado que “el poeta nacional de Cataluña” puso su musa “al servicio de la recuperación de Cataluña como país” y que “mientras ayudaba a recuperar la lengua, conscientemente ayudaba a recuperar la patria”.

La evidente exaltación de Cataluña en sus obras, que se perfila como el principal motivo director de su producción profana, no implica negación alguna de lo español; al contrario, toda la obra de Verdaguer –profundamente española por ser profundamente catalana- respira un evidentísimo patriotismo español que desconcierta y se esfuerzan por ocultar los inventores de esa fantasmagórica Cataluña enemiga secular de España.

La obra de Verdaguer “Pàtria” (1888) es una recopilación de versos dedicados a Cataluña que se intentan presentar como el núcleo de la faceta nacionalista.
Si aquellos que han recibido en las aulas catalanas la enseñanza de que Verdaguer fue un notorio militante nacionalista abrieran las páginas de “Pàtria”, se encontrarían, ya desde la dedicatoria, con versos como éste destinados a la Virgen de Montserrat, patrona de Cataluña:

“Vostre blau mantell és gran; abrigau a tota l´Espanya,
lo regne de vostre amor, como un nuiet sota l´ala.”

(“Vuestro manto azul es grande, arropar a toda España,
el reino de vuestro amor, como un nido bajo el ala”).

En el prólogo a aquella primera edición de 1888 había escrito Jaume Collell:

“Aixís és como refarem i enaltirem la Pàtria catalana, anant sempre a la vanguardia en lo progrés i en la defensa de la Pàtria espanyola”.

(“Así es como reharemos y enalteceremos la Patria catalana, yendo siempre a la vanguardia en el progreso y la defensa de la Patria española”).

Junto a otras numerosas expresiones de catalanidad y españolidad, que para Verdaguer eran, naturalmente, la misma cosa, dedicó unos épicos versos a uno de los momentos cimeros de la historia de España, recordando la participación de los soldados catalanes junto a los otros españoles en la batalla de Lepanto, capitaneados por el castellano Don Juan de Austria y el catalán Don Luis de Requesens:

“¡Naus d´Espanya, sempre avant!;
al topar-se Europa y Àssia,
una o altra al fons del mar”.

(“¡Naves de España, siempre adelante!;
al toparse Europa y Asia,
una u otra al fondo del mar”).

En la oda dedicada a Barcelona, recordó Verdaguer la creación de la bandera española a partir de los colores de la señera y la principal participación de la ciudad condal en las empresas de América y Lepanto:

“Per ço da ducs a Atenes i comptes a Provença,
i per bandera a Espanya un tros del seu penó:
per ço ni un peix se veia dintre la mar immensa
que no dugués gravades les barres d´Aragó (…).
Aquí Don Joan D´Austria les àncores aferra,
duent-li de Lepanto llorers; allí Colón,
tornant d´aquell viatge que duplicà la terra,
als peus del Reis Catòlics féu rodolar un mon”.

(Por eso da duques de Atenas y condes de Provenza,
y por bandera a España un trozo de su pendón:
por eso ni un pez se veía en la mar inmensa
que no llevase grabada las barras de Aragón (…).
Aquí echó sus anclas Don Juan de Austria,
trayéndole laureles de Lepanto; allí Colón,
al volver de aquel viaje que duplicó la tierra,
hizo rodar un mundo a los pies de los Reyes Católicos”).

Al eminente guerrillero José Manso y Solá, uno de los grandes caudillos catalanes de la Guerra de la Independencia, le dedicó unos versos que concluían así:

“I lliure de cadenes la sempre invicta Espanya,
de llor cenyit son front,
amb refulgenta espasa tenyida amb sang estranya
del Pirineu atívol escriu en la muntanya:
Vencí a Napoleón”.

(“Y libre de cadenas la siempre invicta España,
su frente ceñida de laurel,
con refulgente espada teñida en sangre extraña
del Pirineo altivo escribió en la montaña:
Vencí a Napoleón”).

No sólo en este volumen se encuentran las referencias de Verdaguer a su patria, que abundaban por toda su obra. Por ejemplo, ésta es la estrofa final de “Somni de Sant Joan” (Sueño de San Juan):

“Aprés de mil anys de nit
del meu cor sortirá l´alba;
aprés de l´albada ´l sol,
lo sol de la gloria santa.
Batrá´l cor de tot un Deù
al pit de la raça humana;
son realme será´l mon,
peró son trono l´Espanya”.

(“Después de mil años tristes,
de mi amor surgirá el alba,
y después del alba, el sol,
el sol de la gloria santa.
Y latirá el corazón
de Dios en la raza humana;
su reino será este mundo
y su trono será España”).

En su poema “A la reina de Catalunya”, es decir, la virgen de Montserrat, Verdaguer escribió:

“Donau abric a Espanya, la malmenada Espanya
que ahir abrigava el mon,
i avui és com lo cedre que veu en la muntanya
descoronar son front”.

(“Da abrigo a España, la maltrecha España
que ayer abrigaba el mundo,
y hoy es como el cedro que ve en la montaña
descoronar su frente”).

A la “Immaculada, patrona de Espanya” le imploró con estas palabras:

“Oh Verge Immaculada,
per vostra Concepció,
d´Espanya Reina amada, salvau vostra nació.
Vós, María, sou l´estrella
que guià Espanya al Nou Món,
la de l´alba hermosa i bella
de la gloria que se´ns pon.
Oh María, hermosa estrella,
replendiu d´Espanya al front.
Quan sa Reina era María,
nostre regne era el més gran,
sa bandera el mon cobría
des d´América a Lepant.
Si a regnar torna María
ses grandeses tornarán.
Vós d´Espanya sou la gloria,
Vos lo Sol del Principat;
nostra pàtria i nostra historia
Vos, oh Verge, ens ho heu donat:
tronos son de vostra glòria
Covadonga y Montserrat”.

(“Oh Virgen inmaculada,
por vuestra Concepción,
de España Reina amada,
salvad vuestra Nación.
Vos, María, sois la estrella
que guió España al Nuevo Mundo,
la del alba hermosa y bella
de la gloria que se nos pone.
Oh María, hermosa estrella,
resplandecéis de España en la frente.
Cuando su Reina era María,
nuestro reino era el más grande
su bandera al mundo cubría
desde América a Lepanto.
Si a reinar volviera María
sus grandezas volverán.
Vos de España sois la gloria,
vos el sol del Principado;
nuestra patria y nuestra historia
vos, oh Virgen, nos lo has dado:
tronos son de vuestra gloria
Covadonga y Montserrat”).

Junto a “La Atlántida”, su otro poema épico fue “Canigó” (1886), cantar de gesta sobre los orígenes cristianos de Cataluña en los albores de la Reconquista. Su título viene del nombre de la hermosa montaña que tras 1652 quedó en posesión de Francia. Así describió Verdaguer el macizo de la Maladeta:

“Los catalans que hi munten estimen més llur terra,
veient totes les serres vassalles de lur serra,
veient totes les testes als peus de llur tità;
los estrangers que obiren de lluny eixa muntanya,
-Aquel gegant -exclamen- és un gegant d´Espanya,
d´Espanya i català”.

(“Los catalanes que la suben aman más su tierra,
ven todas las sierras vasallas de su tierra,
ven todas las cabezas a los pies de su titán;
los extranjeros que contemplan de lejos esta montaña,
-Aquel gigante –exclaman- es un gigante de España,
de España y catalán”).

En 1897 Jerónimo López de Ayala, conde de Cedillo, realizó la primera traducción al castellano de esta epopeya pirenaica. En agradecimiento a su trabajo, Verdaguer le escribió:

“Nadie mejor que usted podía traducir una obra dedicada a los Pirineos catalanes y en especial a la más hermosa de sus montañas, que la política sagaz de Richelieu y Mazarino arrancó a la corona de España (…). Ya que hemos perdido esa hermosa tierra, parte integrante de la antigua Cataluña, guardemos sus glorias, que glorias catalanas son, y por ende, españolas”.

Jacinto Verdaguer murió en “Vil.la Juana”, una residencia entre los bosques de Vallvidrera, el 10 de junio de 1902. Su entierro se convirtió en una grandiosa manifestación de duelo –a la que se calculó que asistieron más de mil personas- presidida por las autoridades barcelonesas y los representantes del rey y el Gobierno, que poco antes le había concedido la Gran Cruz de Alfonso XII.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Joan Maragall



¿Españoles? ¡Y tanto!
¡Lo somos más que
los castellanos!

11 de septiembre Diada de Cataluña


















Los nacionalistas han convertido la derrota de Barcelona del 11 de septiembre de 1714 en la guerra de sucesión española en la “Diada nacional de Catalunya”.
Una fecha que para nosotros, los catalanes no nacionalistas, no significa nada y que no celebramos.

Aquí intento desmontar todas las mentiras del nacionalismo sobre los sucesos en la guerra entre los bandos borbónico y austraciasta. Una guerra por el trono de España.

Y para abrir boca una cita de Antoni Capmany, eminente historiador y político barcelonés, quizá el más ardoroso agitador patriótico en los días de la Guerra de la Independencia, recordó esta voluntad de lucha por España que caracterizó a los catalanes de 1714. En comparación con la guerra contra la Francia napoleónica, durante la que escribía estas palabras y de la cual decía que “se trata de vencer o vivir esclavos”, recordaba Capmany la Guerra de Sucesión:

“En la guerra de sucesión que afligió la España, no se trata de defender la patria, ni la nación, ni la religión, ni las leyes, ni nuestra constitución, ni la hacienda, ni la vida, nada de esto peligraba en aquella lucha. Solo se disputaba de cuál de los dos pretendientes y litigantes a la Corona de España debía quedar el poseedor. Estaba la Nación dividida en dos partidos, como eran dos los rivales; pero ninguno de ellos era infiel a la Nación en general, ni enemigo de la patria. Se llamaban unos a otros rebeldes y traidores, sin serlo en realidad ninguno, pues todos eran y querían ser españoles, así los que aclamaban a Carlos de Austria como a Felipe de Borbón. Era un pleito de familia entre dos nobilísimos Príncipes, muy dignos cada uno de ocupar el trono de las Españas. Con ninguno perdía la Nación su honor, independencia y libertad; sólo la Corona mudaba de sienes, pero la monarquía quedaba ilesa”.


Felipe V Rey Legítimo de las Españas

Se tiende a identificar abusivamente y caprichosamente a Felipe V con el absolutismo y la centralización. Cuanto menos en el inicio de su reinado no fue así.

Felipe de Borbón, nieto de la Infanta María Teresa de España fue hecho heredero conforme a Derecho del trono de las Españas en el testamento de Carlos II. A tal designación no se opuso ninguna institución española. La muerte de José Fernando de Baviera en 1699 hacía que Felipe de Borbón tuviese el mejor Derecho. Se destacó de él su carácter apacible, recto y firmemente religioso. No obstante había recibido una educación estrictamente religiosa(1).

Tras un viaje triunfal de 20 días de duración, desde Irún a Madrid, llegó a la capital de España el 18 de febrero de 1701, donde fue recibido entusiastamente por la multitud, confiada en que la nueva Dinastía podría restaurar la gloria de España frente a los grises días de los últimos Austrias.

En septiembre de 1701 se trasladó a Barcelona para ponerse en contacto con las instituciones forales catalanas (en decadencia durante los últimos años de los Austrias). De paso por Zaragoza juró los fueros del Reino de Aragón en la Basílica del Pilar. En Lérida juró los fueros catalanes, que renovó en Barcelona el 12 de octubre, día en que se iniciaron las Cortes. Según Ricardo de la Cierva “Barcelona recibía con aprecio a un Felipe V que se esforzó en ganarse el corazón de la ciudad”(2).

Las Cortes Catalanas, presididas por Felipe V, se celebraron en el Convento de San Francisco y estuvieron funcionando hasta el 14 de enero de 1702. Feliu de la Penya escribió que las disposiciones aprobadas por las Cortes, “fueron las más favorables que había obtenido la provincia”. Pierre Vilar dice: “El Principado había vuelto a adquirir en España en el siglo XVII lo que había perdido hacía tanto tiempo: un lugar económico y militar de primer orden. También en 1701-1702, Felipe V ofreció a las Cortes catalanas todo lo que querían: confirmación de los privilegios, puerto franco, compañía náutica, reforma fiscal, barcos hacia las Indias, hasta tal punto que estas constituciones fueron las más favorables que había conseguido la provincia”. Todas las Españas peninsulares, europeas y ultrmarinas habían aceptado al nuevo Rey y este reconoció todos sus derechos, usos y fueros históricos(3).

Sin embargo los que no estaban de acuerdo eran austriacos, ingleses y holandeses, que declararon la guerra a España el 15 de mayo de 1702 y proclamaron en Viena Rey al Archiduque Carlos de Austria con el nombre de Carlos III.

Las potencias extranjeras atacaron a España en Flandes y en Italia. A esta marchó Felipe V, que se puso al frente de las tropas, lo que produjo una ola de entusiasmo en Toscana y en Milán, además de pacificar el reino de las Dos Sicilias. En Nápoles recibió un legado papal con el reconocimiento de su realeza sobre España. Entre la nobleza sarda, mayoritariamente borbónica, destaca en su empeño en la lucha contra los extranjeros Vicente Bacallar, militar, lingüista, historiador y embajador español. Felipe V volvió a Madrid en enero de 1703 donde el pueblo lo recibió con entusiasmo.

Mientras, los aliados (las potencias extranjeras) habían decidido llevar la guerra a la Península. En julio de 1702 una escuadra anglo-holandesa al mando del almirante inglés Jorge Rooke, compuesta de 50 navíos y 14.000 hombres, desembarcó en Cádiz, donde se les unió el conspirador Jorge de Darmstad, anterior Virrey de Cataluña. “Se apoderaron del Puerto de Santa María y entregaron a la ciudad al saqueo más brutal. Los protestantes antepusieron a todo su odio contra la Iglesia católica, devastando los templos, profanando imágenes y vasos sagrados y entregando las monjas a la soldadesca”, según cuenta el Marqués de Lozoya.

Después de la proclamación del archiduque Carlos en Viena este fue a Holanda e Inglaterra. El 6 de marzo de 1704 llegó a Lisboa y le acompañaban 8.000 soldados ingleses y 4.000 holandeses. Además, se sumaron tropas portuguesas. Cuando entraron en España por Fuentes de Oñoro comprendieron que los naturales del país odiaban a los portugueses y tenían repugnancia por los protestantes ingleses y holandeses. El Duque de Berwick, al frente de las tropas hispano-francesas, los rechazó.

El inglés Rocke con 45 barcos ingleses y 16 holandeses apareció por aguas de Barcelona el 27 de mayo de 1704. Iba en la expedición el antiguo Virrey, Darmstadt, que hizo llegar misivas a sus amigos y partidarios a favor del Archiduque. Unos 1.600 marineros desembarcaron en la zona del Besós. El 31, empezó el bombardeo austracista de Barcelona. Viendo que no se producía la soñada sublevación interior, los marineros reembarcaron ese día y la flota aliada se hizo a la mar el 1 de junio. En su viaje de regreso desembarcaron en Gibraltar con 2.400 soldados ingleses y holandeses, que ocuparon la plaza en nombre del archiduque Carlos hasta el día de hoy. Los mandaba el traidor ex Virrey Jorge de Darmstadt.

El 22 de agosto de 1705 volvió la flota anglo-holandesa al mando del inglés Peterborough, con 58 navíos, 30 fragatas y muchos más buques de transporte, 21.000 tripulantes y abundante armamento. A pesar de su fuerza, los aliados hubieran tenido un descalabro si no les ayudan 1.500 migueletes de Vich, donde había comenzado la revuelta entre familias. La toma de Barcelona costó centenares de muertos, tras una dura batalla. La población seguía indiferente ante el Archiduque Carlos.

Como el resto de plazas catalanas estaban pobremente guarnecidas, no fue difícil tomarlas. Por ejemplo, ante Lérida se presentaron “unos 300 hombres del país, de los que 250 iban a pie y armados con antiguas y denegridas espadas, con hoces, con palos y con mal prevenidas escopetas, y los otros cincuenta iban montados en rocines, mulas de campo y en jumentos”, según lo cuenta Nicolás de Jesús Belando. Así se entregó Cataluña al Archiduque Carlos.

Luego, las instituciones catalanas se avinieron a la nueva situación y juraron al Rey intruso traicionando el juramente previo de fidelidad a Felipe V. Si pudo pesar alguna desconfianza sobre posibles heterodoxías políticas o filosóficas de Felipe V quien a la larga demostró estar más contaminado de heterodoxías fue el archiduque Carlos, tanto en su periodo en España como cuando fue Emperador. Comprendiendo la traición que habían hecho y las graves consecuencias de la misma, proseguirían la lucha cuando la guerra estaba perdida, cuando el Archiduque había sido nombrado Emperador y ya renunció a la Corona de España, hasta la tozuda y numantina defensa de Barcelona en 1714, tan heróica como insensata.


Cataluña pierde sus fueros

El soviet nacionalista hace culpable de todos los males acaecidos contra la Cataluña y Valencia del 1700 al famoso “Decreto de nueva Planta”. Se dice que “Cataluña perdió su personalidad y su lengua fue prohibida”. Como señala el historiador catalán Vicens i Vives no existe en ningún artículo de dicho Decreto la prohibición del uso de las hablas catala­nas. Lo único que se dice en el Decreto es que las sentencias judiciales deberían de escri­birse en castellano, desplazando al latín de la administración judicial (5).

En 1718, Felipe V inicia medidas proteccionistas de la industria catalana. Se prohibió la importación de tejidos de Asia y China y se empezó entonces el aumento demográfico de Cataluña que pasó de 350.000 habitantes en 1708 a 820.000 habitantes en 1789. Entre 1745 y 1770 y, gracias al comercio ultrama­rino, el puerto de Barcelona alcanzó la primacía en España: no sólo se exporta­ban tejidos y calzados, sino también el vidrio, de Mataró y el papel de Olot. Y fue a Felipe V a quien Cataluña le debió el incremento del culti­vo de la viña, la exportación de vinos a América y el creci­miento de las cepas en el Ampurdán y el Penedés que dieron lugar al actual cava(6).

Melchor de Macanaz quiso mantener el Derecho foral tras la derrota, a lo que se opuso el Duque de Híjar. Tuvo sin duda un gran peso en la consideración de la supresión el hecho de que las Cortes no se reuniesen desde hacia más de cincuenta años, entendiéndose como una institución excesivamente obsoleta. Las medidas proteccionistas de la industria catalana no encuentran correlato en el Reino de Valencia. El derecho privado también es prohibido. El Reino de Valencia, que mantuvo muchas plazas leales a Felipe V y que en ningún momento conspiró contra el Rey (solo se vió arrastrado a la traición a última hora por presión extranjera y de la oligarquía catalana) fue quien más perjuicios soportó.


Mitos y mentiras sobre la guerra de Sucesión

El nacionalismo catalán ha pretendido hacer de una guerra por el trono de España su primer contencioso político-territorial interpretándolo además con conceptos políticos modernos. La ciencia política (Dieter Nohlen, entre otros) ha reprochado severamente esta metodología. Incluso hasta a efectos estéticos han llegado a ilustrar en algunas escuelas catalanas a los valientes maulets enarbolando la bandera de las cuatro barras. Todo mentira. Ni los maulets (partidarios del ilegítimo Carlos de Austria) eran en su mayoría catalanes ni –mucho más importante- a los maulets catalanes les importaba la imposición de la lengua catalana.

Ambos, borbónicos y austracistas, luchaban por quien creían que era el Rey legítimo de España. Ambos defendían concepciones políticas del Antiguo Régimen y ninguno de los dos ejércitos (en su parte de voluntarios, que fue la de menos) deseaban la abolición foral. La concepción organicista del Antiguo Régimen, su conjunto de derechos concretos (que no eran sólo territoriales, sino también gremiales, religiosos y en general –en lenguaje actual- “corporativos”) se mantuvo indemne, además de otros fueros territoriales (vascongados y navarros). En ambos ejércitos hubo españoles de todas las tierras de la Península. En el ejército maulet hubo castellanos, gallegos, andaluces, valencianos, aragoneses y catalanes (y el núcleo mayor compuesto por extranjeros). Entre los maulets que defendieron Barcelona el 11 de septiembre de 1714 destacaba el famoso “Tercio de Castellanos”, destacado por su honor y fidelidad hasta el final a la causa austracista. Partidarios de Felipe V hubo en Cataluña, Valencia y Aragón, (además de en las Vascongadas y Navarra, que mantuvieron su derechos históricos) algunos pueblos enteros como Cervera –premiada con una universidad por Felipe V- en Lérida o Jijona en Alicante. Ambos bandos usaban el castellano como lengua franca y ambos usaban el resto de lenguas españolas con naturalidad, como lenguas coloquiales.

Recordemos el ejemplo de Jijona: El memorial que Jijona dirigió al rey destacaba sus actos heroicos: “Bajo el comando de Bruno Aracil, hijo de Xixona, capitán de caballos de la costa de este Reyno de Valencia, recuperaron Altea y otros lugares.” Los fieles xixonencos querían vengar la escabechina de los maulets “en la Torre de las Mançanas, donde degollaron hasta los enfermos que estaban moribundos” (AHN. Leg. 6804). La villa, como premio, pedía “Que haga única a Xixona en honras. Que sus hijos puedan traer armas de todos géneros por todos los Reynos de España.”

No se enarbolaban en las batallas ningunas banderas al estilo moderno, ni mucho menos las cuatro barras aragonesas. Situémonos por un momento en la resistencia barcelonesa del 11 de septiembre. Es común a todos los modernos falsificadores de los maulets su laicismo exacerbado, mientras que los defensores barceloneses de la ciudad lo hacían al grito de Visca Espanya! y Visca el Rei d´Espanya! (Emíli Giralt, historiador nacionalista lo tiene que acabar reconociendo) y rezaban el Santo Rosario mientras pedían piamente perdón a la Virgen de la Merced por haberse aliado con "herejes europeos" (Inglaterra, Holanda y Austria) en la guerra de Sucesión, traicionando el primer acatamiento del Monarca que dispuso el último Austria español en su testamento conforme a Derecho. Casanova se presentó en la muralla con el estandarte de Santa Eulalia, venerada por los barceloneses, para dar ánimos a los defensores (según una tradición, el estandarte de Santa Eulalia sólo podía sacarse en el momento en que Barcelona corriese un gran peligro). Como vemos por ningún lado están las cuatro barras aragonesas. Y respecto de Rafael Casanova, el líder antiborbónico y sin duda sincero patriota español (patriota de la España tradicional, católica, foral y monárquica), en 1719 fue amnistiado y volvió a ejercer como abogado hasta 1737, año en qué se retiró. Murió diez años más tarde en Sant Boi de Llobregat. Junto a Casanova merece recordarse Francisco de Castelví. En los últimos años ha supuesto una importante quiebra del oficialismo nacionalista y una revolución del panorama historiográfico la publicación de sus Narraciones Históricas por la Fundación Elías de Tejada en 1998 (no obstante, Francisco Elías de Tejada a pesar de ser extremeño fue miembro del Institut d´Estudis Catalans). Agustí Alcoberro, de la Universidad de Barcelona dice sobre la obra: “La reflexió de caràcter historiogràfic [sobre la guerra de Sucesión], encapçalada per les monumentals Narraciones históricas de Francesc de Castellví, sens dubte l'obra més important d'aquest corrent (…)”, La principales diarios catalanes (El Periódico, La Vanguardia ), hasta los más minoritarios y nacionalistas ( Avui), así como la televisión regional no podían dejar de reconocer la importancia del testimonio de Castellví, oficial austracista exiliado en Viena, que escribió en castellano lo que vivió en primera persona la guerra de Sucesión, descargándola de toda carga nacionalista. Otro ejemplo es Antonio de Villarroel, general jefe de Cataluña y comandante de la plaza de Barcelona. Éste último proclamó: “Combatimos por toda la nación española”. Como lo dice Pierre Vilar, “el patriotismo desesperado de 1714 no es únicamente catalán, sino español”.


Sobre la lengua en los ejércitos maulet y botifler

(Maulet, ejército austracista)
(Botifler, ejército borbónico)

Es ciertamente hilarante que los cachorros terroristas del nacionalismo expansionista catalán se denominen "maulets" y bajo ese nombre acometan su ataque brutal contra la lengua castellana en Cataluña y pretendan imponer el catalán normativizado del químico Pompeu Fabra (que muy poco tenia que ver con las diversas variantes catalanas que hablaban los maulets catalanes) al Reino de Valencia, Baleares y partes de Aragón. Veamos algo de documentación:

La crónica de la estancia del archique Carlos en Montserrat el 24 de junio de 1706 se publicó a los pocos días en Barcelona por Rafael Figueró, al que los maulets habían nombrado “impresor del rey”. Dicha obra destinada al lector maulet y en plena contienda está en castellano (Figueró, R.: “Exemplares acciones de nuestro Rey Carlos III”, Barcelona, 1706). El archiduque, además, subió al camarín de la Virgen de Montserrat a las 2 de la tarde del 27 de junio y dejó un folio autógrafo que contenía devotas poesías en castellano.

En Valencia, entre 1705 y 1707, los maulets acudían en masa al teatro de Calderón, Moreto, Fragoso, etc. El pueblo asistía entusiasmado a las representaciones de “Los amantes de Teruel”, "El duque de Osuna", " Los tejedores de Segovia", "El genizaro de Hungría", etc. La programación teatral maulet, hasta el día de la batalla de Almansa, fue en idioma castellano.

En octubre de 1706 el archiduque Carlos visita Valencia. Al llegar al arco triunfal construido en las torres de Quart, los maulets dieron la señal para que -en honor de Carlos de Austria- se interpretaran canciones compuestas en castellano. Los maulets, desde el Consejo de Ciento en Barcelona hasta los diputados del Reino se dirigían en castellano a Carlos, monarca que contestaba en castellano. La crónica de lo sucedido en Valencia fue llevada a uña de caballo a Barcelona, siendo publicada en diciembre de 1706 por Francisco Guasch en castellano.

Son significativas las crónicas de los dos juramentos forales efectuados en octubre de 1706: el del maulet Carlos, en Valencia, y el del virrey botifler Luis Belluga, en Orihuela.La primera está en castellano; la segunda, en valenciano. EI texto oriolano describe cómo en la "Real Capella de la Sta. Yglesia Catedral de Oriola (...) agenollat davant del sitial que se li posa en dita Real Capella jura a Deu (...) dits carrecs de Virrey Governador y que observara aquells furs". EI nombramiento lo había firmado en Jadraque el rey Felip Ouint (el que meses después suprimiría los Fueros).

Resumiendo: el castellano fue idioma vehicular de los maulets. En las crónicas de los botiflers junto al castellano hallamos la lengua valenciana y la catalana.


Reflexión final

La hemos anunciado al principio: no fue una guerra territorial, no fue un contencioso ideológico, no fue tampoco el ocaso cultural de las lenguas de la Corona de Aragón, no existía pancatalanismo alguno.
El Principado de Cataluña perdia sus fueros pero fue ampliamente compensada con medidas proteccionistas.


Bibliografía:

(1) Ricardo de la Cierva. Historia total de España
(2) Jaume Vicens i Vives. Aproximación a la historia de España
(3) Ramón Menéndez Pidal. Historia de España. Tomo 29, Vol. I.
(5) Marcelo Capdeferro. Otra Historia de Cataluña
(6) Antonio Ubieto. Historia de Aragó



El 11 septiembre por Ciudadanos-Partido de la ciudadanía

AQUÍ TIENES EL MANIFIESTO SOBRE EL 11 DE SEPTIEMBRE:

La gran mentira del 11 de septiembre de 1714

Un año más, como viene sucediendo desde 1980, el régimen nacionalista catalán celebrará el día 11 de septiembre la Diada de Cataluña. A sus actos asistirán nacionalistas de todo pelaje y asimilados y palmeros como el PSC o el PPC. Son la Cataluña oficial y alimentan falsos mitos y artificiales confrontaciones para perpetuarse y mantener sus posiciones de privilegio y sus clientelas.

Una de esas mentiras al servicio de la construcción de la "nación catalana" ajena y enfrentada a la nación española es la Diada del 11 de septiembre, fecha en la que se reivindica una “nación” catalana que en realidad nunca ha existido, negando la única Nación que ha otorgado a los catalanes y al resto de los españoles la condición de ciudadanos.
En 1714, Cataluña igual que el resto de España, era un reino absolutista, y la mayor parte de sus habitantes, el pueblo, eran súbditos sin derechos. Es la Constitución Española de 1812 la que trasladando la soberanía del rey a la Nación, la que convirtiendo a la Nación en sujeto de la soberanía, convierte a los súbditos en ciudadanos con derechos y deberes.

Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía no podemos ser cómplices de la manipulación nacionalista que atribuye carácter nacional y democrático a una situación feudal y predemocrática. En Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía no celebramos la Diada del 11 de septiembre, puesto que no queremos ayudar, con nuestra participación, a perpetuar una mentira histórica que además sea un referente simbólico común a todos los catalanes. Nos negamos a callar frente a la mentira y el engaño interesado. La manipulación que han llevado a cabo los independentistas del significado histórico del 11 de septiembre de 1714 convierte la conmemoración de este día en la diada nacionalista de Cataluña y no en lo que debería ser: la fiesta cívica de todos los ciudadanos catalanes.

Por eso Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía propone celebrar la Diada de Cataluña el día de Sant Jordi, por ser el fiel reflejo de la sociedad abierta, plural, cosmopolita y que mira al futuro que siempre ha sido Cataluña, frente a la comunidad inventada, imaginada, identitaria, dividida y que mira al pasado que representa la Cataluña de la Diada del once de septiembre.

En Ciudadanos queremos, con algunos apuntes sobre los acontecimientos de la Guerra de Sucesión y sobre el 11 de septiembre de 1714, ayudar a desmontar y refutar las mentiras históricas sobre las que se sustenta argumentalmente el independentismo catalán.


11 de septiembre de 1714: ¿sabías que…?

1) El 11 de septiembre se conmemora la rendición de la ciudad de Barcelona en 1714, tras la declaración de guerra de las Cortes Catalanas el 10 de julio del mismo año al no reconocer éstas el Tratado de Utrecht que ponía fin a la Guerra de Sucesión Española. La guerra no fue de secesión , como los nacionalistas venden, sino de sucesión. En dicho Tratado el pretendiente a la Corona Española, el Archiduque Carlos de Habsburgo renuncia al trono, reconociendo la soberanía de Felipe D'Anjou, contra el que se la disputó en la llamada Guerra de Sucesión Española, tras la muerte sin descendencia del Rey de España Carlos II. Es decir, fue una guerra civil entre partidarios de dos pretendientes a suceder en la corona de España al rey muerto sin descendencia.

2) Madrid, Alcalá y Toledo lucharon en el mismo bando que Barcelona. La Guerra de Sucesión española, al contrario de lo que argumentan los nacionalistas, no supuso el enfrentamiento entre Cataluña- Austria y España (o Castilla) - Francia. Ciudades y comarcas pertenecientes al antiguo reino de Aragón como Castellón, Alicante, Calatayud o Tarazona, así como el valle de Arán, y ciudades del interior de Cataluña como Vic y Cervera, fueron partidarias de Felipe V, el rey Borbón. Y lugares como Madrid, Alcalá o Toledo se declararon fieles al aspirante austriaco, el archiduque Carlos. El enfrentamiento entre territorios españoles de 1714 es otra falsedad esgrimida por el nacionalismo para negar el carácter de guerra civil que tuvo aquella sucesión al trono. En realidad ésta fue una contienda internacional en la que se dirimía la hegemonía entre las diferentes potencias europeas.

3) Los catalanes no perdieron sus libertades civiles, sino que los poderosos perdieron sus privilegios exclusivos. Las Cortes Catalanas, lejos de tener las características de una democracia, tal y como la entendemos ahora, representaban a los tres estamentos (clero, nobleza y burguesía urbana) a los que, dentro del patrón feudal del Antiguo Régimen, el Rey les había concedido tal privilegio, relegando totalmente a la inmensa mayoría de la población. Del Rey emanaban todas las instituciones.

4) La facción en Cataluña favorable al pretendiente Carlos no partió de una rebelión espontánea ni popular. En realidad, expresaba los intereses políticos de la clase dirigente barcelonesa que quería potenciar su presencia comercial en América, de tal forma que sus privilegios forales no estaban en juego, ya que el pretendiente Borbón en ningún momento los cuestionó.

5) El Rey Borbón reinó sin oposición interna entre 1700 y 1705 hasta el punto que en 1701 había celebrado Cortes en Barcelona, donde no sólo confirmó los fueros, sino que recibió numerosas donaciones.

6) Los seguidores de Carlos de Habsburgo en Cataluña defendían la unidad de España. Trataban de imponer su candidato al conjunto de todo el país, apelando a la libertad de toda España, recelosos de la influencia francesa; lejos, pues, de cualquier aspiración secesionista o desmembradora. Los soldados que fueron derrotados el 11 de septiembre de 1714 frente a las tropas de Felipe V estaban mandados por el general Antonio de Villarroel, que en su última arenga les recordó: "estáis luchando por nosotros y por toda la Nación española".

7) El denominado decreto de Nueva Planta, llamada en realidad Cédula Real de Nueva Planta de la Real Audiencia del Principado de Cataluña, organizaba las instituciones judiciales en Cataluña, respetando las Constituciones y prácticas previas, estableciendo que los letrados fuesen expertos en legislación y lengua catalana. Fijaba el castellano meramente como lengua jurídica y eliminaba los privilegios por nacimiento en un territorio determinado.

8) El final de la guerra supuso el final de tres siglos de decadencia de Cataluña y el inicio de su resurgimiento económico . El siglo XVIII, lejos de ser un periodo de declive en Cataluña, resultó ser una etapa de particular esplendor y auge demográfico, agrícola, comercial e industrial, que más que fundamentarse en el comercio internacional, centrado en productos agrícolas, se benefició del proteccionismo de la Corona.

9) Rafael Casanova no fue un mártir. El día del asalto final de las tropas borbónicas, Casanova estaba durmiendo y, avisado, se presentó en la muralla con el estandarte de Santa Eulalia para dar ánimos a los defensores. Herido de poca gravedad por una bala en el muslo. Casanova fue trasladado al colegio de la Merced, donde se le practicó una primera cura. Tras caer la ciudad en manos de las fuerzas borbónicas, quemó los archivos, se hizo pasar por muerto, y delegó la rendición en otro consejero. Huyó de la ciudad disfrazado de fraile y se escondió en una finca de su hijo en Sant Boi de Llobregat. En 1719 fue amnistiado y volvió a ejercer como abogado sin ningún problema hasta retirarse en 1737. Murió en Sant Boi de Llobregat en 1743. Un verdadero "héroe".


Discurso de Jesús Laínz en el acto organizado por Ciudadanos-Partido de la Ciudadania el 11 de septiembre de 2008 en Barcelona:

http://www.elmanifiesto.com/articulos.asp?idarticulo=2715


Las autoridades catalanas llaman a defender España

El 25 de julio de 1713 las tropas de Felipe V comienzan el sitio de Barcelona y las defensas de la ciudad resisten. El 30 de noviembre de 1713, Casanova es nombrado “Conseller en cap” de Barcelona, la máxima autoridad de la ciudad. El cargo llevaba añadido el grado de coronel de los «Regimientos de la Coronela», la milicia ciudadana, que era el componente más numeroso de la guarnición que defendía la ciudad, así como el título de cabeza militar de la plaza.

Rafael Casanova animó a la tropa con las siguientes palabras:

“Señores, hijos y hermanos: hoy es el día en que se han de acordar del valor y gloriosas acciones que en todos tiempos ha ejecutado nuestra Nación. No diga la malicia o la envidia que no somos dignos de ser catalanes e hijos legítimos de nuestros mayores. Por nosotros y por la nación española peleamos. Hoy es el día de morir o vencer. Y no será la primera vez que con gloria inmortal fuera poblada de nuevo esta ciudad defendiendo su rey, la fe de su religión y sus privilegios”


La defensa de Barcelona se considera en clave de defensa contra el invasor francés, aquí podeis leer un extracto del bando que Rafael Casanova y Antoni Villarroel mandaron pregonar por las calles de Barcelona el 11 de Septiembre de 1714:

“Se hace saber a todos generalmente, de parte de los tres Excelentísimos Comunes, considerando el parecer de los Señores de la Junta de Gobierno, personas asociadas, nobles, ciudadanos y oficiales de guerra, que separadamente están impidiendo que los enemigos se internen en la ciudad; atendiendo que la deplorable infelicidad de esta ciudad, en la que hoy reside la libertad de todo el Principado y de toda España, está expuesta al último extremo de someterse a una entera esclavitud. [...]. Se hace también saber, que siendo la esclavitud cierta y forzosa, en obligación de sus cargos, explican, declaran y protestan los presentes, y dan testimonio a las generaciones venideras, de que han ejecutado las últimas exhortaciones y esfuerzos, quejándose de todos los males, ruinas y desolaciones que sobrevengan a nuestra común y afligida Patria, y extermine todos los honores y privilegios, quedando esclavos con los demás españoles engañados y todos en esclavitud del dominio francés; pero así y todo se confía, que todos como verdaderos hijos de la Patria, amantes de la libertad, acudirán a los lugares señalados, a fin de derramar gloriosamente su sangre y su vida por su Rey, por su honor, por la Patria y por la libertad de toda España”.


Reconociendo la mentira

El historiador nacionalista catalán, Ferrán Soldevila, en su libro “Moments crucials de la Història de Catalunya”, escribe:

“Hasta el último momento de la lucha los objetivos habían sido los que hacían constar en el documento dirigido al pueblo: salvar la libertad del Principado y de toda España; evitar la esclavitud que espera a los catalanes y al resto de españoles bajo el dominio francés; derramar la sangre gloriosamente por su rey, por su honor, por la patria y por la libertad de toda España”.

…Y a pesar de todo esto aún se celebra el 11 de septiembre como el dia de Cataluña. Algunos incluso se atreven a decir que el 11 de septiembre de 1714 Cataluña perdio su independencia.
Y lo peor, todas estas mentiras se enseñan en los colegios a nuestros hijos.